Koulsy Lamko, el compromiso de un poeta

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Conocí a Koulsy, escuché su historia, me abrió las puertas de su casa, comí en su mesa, compartió sus anécdotas y me enseñó que la poesía es un camino que se sigue en una sola pieza, sin dudar, con el compromiso que implica cada vocablo y cada acción.

Él es un griot, un artista y guardián de la palabra y la tradición oral. Al conocerlo y leerlo uno puede notar la congruencia de su trayectoria y su compromiso social. Sólo se debe así mismo.

Hoy asistí a Casa del Lago, después de dos años de no saber de él ni verle. Por casualidad, leí que sería parte del festival “Poesía en voz alta”. Decidí visitarle, mientras recuerdos de esa época se agolpaban en mi mente.

Apareció en el escenario con el rostro pintado de blanco y explicó que así se celebran los duelos en su cultura.

Cantó y compartió su dolor. Presentó “Polvo de vida”,un homenaje Djeneba Kone, su joven hija adoptiva y cantante de ópera, que falleció el año pasado en un accidente. No sabía esa dura noticia. Me entristecí.

Al final, me acerqué a saludarlo. Se mostró sorprendido y con su gesto siempre amable, platicamos brevemente. Me recordó que aún conserva un león hecho de trapo que le regalé. Me dio un abrazo y partió con esa sonrisa que lo caracteriza, aún a pesar de su pérdida y dolor.

“Yo aprendí a cuestionar el mañana, el mío y el de los otros,

A imaginar soles que fecundan la sombra tupida

Las gotas de rocío que perlan inundando el círculo de arena

Las gotas de oro que se incrustan en el firmamento del iris

Los niños descalzos, conquistando la vida

no los sobrevivientes aduladores.

Yo ahora he aprendido a mantener en alto el pentágono de los hombros

ante la carga de polvo de granito que pesa sobre las escalas de los ricos en los aeropuertos”

Fragmento de “Caminos ciegos” de Koulsy Lamko

Aquí, el video de un poema suyo, que habla de ese que se adora y por el que se mata: el Dios petróleo:

Del baúl de los recuerdos

A continuación les comparto una entrevista que le hice a Koulsy en 2007, cuando aún no salía de la carrera.

Koulsy Lamko: lazos fraternales

“Creo que es un poco difícil escoger un juguete de entre muchos, pero uno que me gustaba mucho cuando era niño es la pelota de fútbol. Allá, como no tuve la oportunidad de tener una pelota normal, había que fabricarlas con algodón adentro de una calcetita”, cuenta el escritor chadeano Kously Lamko. Pareciera como si a través de sus palabras viajara en el tiempo a aquellos momentos para recordar sus juegos preferidos de la infancia, época en la que el exilio no era una realidad.

El jardín de Casa Refugio Citlaltépetl, su antiguo hogar por un año (2004- 2005), se llenó de color cuando llegó éste hombre. Él decidió practicar su español con acento afrancesado y sonreía con humor cuando no conocía una palabra y preguntaba “comment ça ce dit?”, con un poco de pena. Las conjugaciones tomaban sin duda otra dinámica en su boca.

El arte como necesidad

“Yo nací en un pueblo, en un lugar muy bello: en la región de Guéra en el Chad que es maravillosa: con montañas, con árboles, con una fauna muy importante. Cada vez que iba a la escuela, estaba sobre las colinas jugando con mis amigos. Había ríos, ahora ya no, pero esta parte para mí es como un paraíso”, narró Lamko con mucha emotividad, mientras pintaba con sus manos esos paisajes.

“Sucedió que, poco a poco, creciendo, noté que la expresión, la más importante de la vida de un hombre, es la traducción poética de la naturaleza. Y ésta me llega de la infancia con la libertad que tuve en ese tiempo: ir a cazar ratones, pájaros e iguanas con mis amigos. De ahí proviene parte importante de mi formación, la parte más humana que nos da la diferencia con los animales, que es la expresión artística”, contestó para explicar porqué se involucró en el mundo del arte. “He notado que esa es la manera” más fuerte de traducir el mundo. Así que la tomé y con ello, estoy haciendo y practicando arte”, afirmó.

Las relaciones y la colectividad

Cuando se cuentan anécdotas se habla de inmediato de uno mismo, pero también de la identidad de los pueblos. Koulsy habló precisamente de ese espíritu que se pierde con el paso de los años: “Culturalmente hay que decir que hemos perdido esa parte de la solidaridad con la gente. En mi país, en el pueblo, tenías varios tíos o tías; sin que existiera una relación familiar la hallabas”, dijo.

“La gente vivía en una especie de simbiosis y la organización tenía implicada una convivencia muy importante. Cada quien era responsable de todos y al revés. Creo que hemos perdido esa parte de la condición humana, pues vivimos de una manera muy individualista”, reflexionó.

Una espada que siempre está detrás de ti

No me imaginé nunca ser exiliado pero, de todas maneras, serlo me dio oportunidades positivas; ahora, por ejemplo, estamos aquí hablando de esas cosas: intercambiar también es importante para la vida de un hombre. El exilio también es algo muy doloroso, hay que decirlo. Muy doloroso por el hecho de que no sabes cual será tu próximo destino”, comentó sobre su difícil condición.

“En mi caso, México es mi séptimo país de exilio. Después, te quedas pensando “y ahora ¿dónde voy a ir?”, y vivir con ésta pregunta es como tener un cuchillo detrás de ti. En francés se dice “épée de Damoclès” porque estás en medio de muchos caminos y cada que vez buscas cual será el próximo es difícil”, exclamó con nostalgia.

Hasta la fecha está exiliado en México desde 2004 y se queda por largas temporadas del año, a pesar de los distintos viajes que realiza por el mundo en pro de las causas de reivindicación de la negritud y el fomento a las actividades artísticas.

“No se elige ser exiliado: yo no lo escogí. Pero, es un hecho muy importante decir que cada quién tiene un papel social y político en su vida. Yo lo estoy por el hecho de haber dicho la verdad. Es un deber político denunciar cuando las cosas no funcionan en un país.Para mí significa llenar mi papel social, porque no soy un escritor nada más por serlo y utilizar palabras por palabras eso no me importa”, mencionó con una decisión y seguridad envidiables, propias de un hombre sólido en sus ideales.

Morir si se calla, escribir para reconstruirse

“Sí, salí de mi país por éste hecho y, de todas maneras,si me hubiera quedado ahí con mi boca cerrada, con mis ojos cerrados, sería morir. La cosa que me da más miedo en el mundo es no poder decir lo que quiero con libertad. Si por eso estoy obligado a estar fuera de mi país, no importa”, aseguró para corroborar, que aquellas personas cuyas convicciones son verdaderas, las siguen hasta la última de sus consecuencias.

Tal es el caso de su héroe: Thomas Sankara, quién fuera el presidente africano atípico, fuera de la norma según la cual todo país de África debe ser gobernado por un dictador. Koulsy siempre demuestra con orgullo su admiración por él: su camisa tiene estampados con vivos rojos, amarillos y negros con el rostro de dicha figura trascendental para la diáspora negra y además, le realizó un disco homenaje en 1997. “Fue la encarnación de un sueño para los africanos, quienes anhelábamos un humanismo nuevo, impregnado por valores como la libertad, dignidad y justicia social; encarnó un mundo en el cual cada uno puede atreverse a inventar el futuro”, declaró.

“La Pahléne des colines” (La Mariposa de las colinas) ó Amertume noir” (Amargura negra) son libros con poemas que hablan del genocidio, de la muerte y del sufrimiento, pues es un reflejo de lo que se vive en África. Para Koulsy es vital la transmisión de la memoria y la realidad, por muy atroz que sea. “Se poetiza algo que no es poesía en la realidad, porque todo ello es parte de la misma,” aseguró acerca del tratamiento de dichos temas en su obra.

México como un nuevo comienzo y lazos de hermandad

“Estuve trabajando en Ruanda después del genocidio durante cuatro años para ayudar a la agente de ahí a utilizar la expresión artística y cultural para curar un poco de los traumas de ese brutal hecho. Trabajé para implantar un centro cultural. Trabajé mucho para hacerlo. Estuve muy cansado y no seguí escribiendo pues me dediqué a trabajos de administración y gestión de proyectos. Después de eso, le pedí al Parlamento Internacional de los Escritores, un lugar para poder descansar, para estar más tranquilo y escribir. En la lista de países, estaban Noruega y México. Y como no me gusta el frío, no estuve en ningún dilema: escogí México”, contó al preguntarle cómo había llegado a éste país.

“Me impactó mucho que mientras bajaba el avión, desde la ventanilla, se veían las casas azules, rojas, verdes, amarillas, como sí se llegara a un tipo de jardín, con muchos colores. Me pareció similar al África el hecho de que la gente es muy calurosa. Puedes ir al Parque México, te encuentras a alguien, caminan y platican juntos, te preguntan sobre África y después, se van a tomar una chela. Eso es lo que me parece muy importante, lo que me da la alegría para quedarme aquí”, aseguró.

“La sangre es un muro de convivencia, pues se tiene algo que es muy fuerte, la raíz fisiológica. Pero, creo que los hermanos y las hermanas pueden escogerse en la vida. Si tomas la tierra como algo que nos pertenece a todos y los humanos formamos una parte de ella sacando lo mejor de sí mismos, no hay que dejar que las heridas crezcan pues en todos los lugares del mundo a donde vayamos encontraremos personas muy humanas con las cuales podremos unir la nuestra y convivir en armonía todos juntos”, concluyó Koulsy Lamko para dejar un mensaje de hermandad y amor, de libertad y belleza, de unión y reflexión donde lo importante, no es el color de la piel, sino lo que existe en la profundidad de ella.

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