Cinco luces para escribir

Escribo para no olvidar (me).

Al sentarme en los salones de clases, a sabiendas de que aprenderé, algo revolotea en la panza (que no son más que orugas sintiéndose importantes pues se alimentan para quizá volverse mariposas).

Hoy tuve momentos de lucidez y antes de que el tiempo me juegue una mala pasada, dejo cinco momentos tatuados en este universo binario:

I.  Con ‘Cartas a un joven poeta’ de Rainer María Rilke, Bruno Madrazo me convencía de seguir el camino de las letras en algún mes de 2003.

II. Lo mecánico nubla al asombro decía Ernesto de la Peña. Varios le contamos el camino a casa y sus vicisitudes en un sólo párrafo un día de 2008.

III. El sentido común es el menos común de los sentidos. Un grupo de ilusos aprendices de producción escuchamos alguna mañana de 2009 esa frase en boca de Patricia Coronado en el CUEC. 

IV. Encontrar en lo ínfimo esas historias comunes que conmueven. Las realidades tan desnudas como paradójicas existen. Sólo hay que observar. Hoy, Julio Villanueva Chang.

V. No hay peor imbécil que quien cree que lo sabe todo y peor muerte que la del impávido. Esas son verdades máximas universales (y ya no recuerdo cuando las aprendí). Todas se han repetido y es tiempo de hacer.

—Si no escribes, se te seca la mano.

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